En el Perú, el fallecimiento de una persona no solo activa protocolos sanitarios y funerarios; también desencadena un procedimiento registral que tiene efectos civiles, patrimoniales y administrativos. La entrega del Documento Nacional de Identidad (DNI) y la comunicación oportuna del deceso permiten que el Estado formalice la baja en los registros públicos, evitando riesgos legales como suplantaciones, fraudes o uso indebido de la identidad.
¿Por qué se da de baja al fallecido?
En el Perú, la inscripción del fallecimiento se realiza ante el RENIEC (Registro Nacional de Identificación y Estado Civil). Una vez emitido el acta de defunción —con base en el certificado médico de defunción—, la entidad procede a cancelar el registro de identidad de la persona y dejar constancia oficial del deceso.
Este trámite cumple varias funciones críticas:
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Seguridad jurídica: impide que el DNI siga siendo utilizado para actos civiles o comerciales.
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Cierre de obligaciones administrativas: actualiza padrones electorales, sistemas tributarios y bases de datos públicas.
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Prevención de fraude: reduce el riesgo de suplantación de identidad, contratación indebida o movimientos bancarios irregulares.
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Inicio de procesos sucesorios: permite activar trámites de herencia, seguros y transferencias patrimoniales.
La entrega física del DNI es relevante porque evita su circulación posterior y refuerza el control documental.
Impacto patrimonial y financiero
La baja registral también tiene efectos en el sistema financiero y notarial. Bancos, aseguradoras y notarías verifican la información en línea para bloquear cuentas, activar pólizas o iniciar sucesiones intestadas.
Sin la inscripción formal del fallecimiento, podrían mantenerse vigentes obligaciones tributarias o comerciales, generando contingencias para los herederos. Por ello, el trámite no es solo un requisito formal, sino un acto de ordenamiento jurídico.
¿Cómo funciona en otros países?
España
En España, la inscripción del fallecimiento se realiza en el Registro Civil de España. Tras la certificación médica, el Registro Civil comunica automáticamente la información a otros organismos públicos.
El DNI queda inhabilitado en los sistemas estatales, aunque no siempre se exige la entrega física inmediata del documento, pues la invalidez se produce digitalmente.
Estados Unidos
En Estados Unidos, el registro del fallecimiento se realiza ante las oficinas de “Vital Records” de cada estado, y la información es remitida a la Social Security Administration.
El número de Seguro Social queda marcado como perteneciente a persona fallecida, lo que bloquea su uso en sistemas financieros y gubernamentales. No existe un documento nacional de identidad único como el DNI peruano, pero la desactivación del número de Seguro Social cumple función equivalente.
Argentina
En Argentina, el trámite se realiza ante el Registro Nacional de las Personas (RENAPER). Tras la inscripción del fallecimiento, el DNI queda automáticamente invalidado en el sistema nacional, y la información se comparte con otros organismos estatales.
Un procedimiento con dimensión preventiva
Comparado con otros países, el Perú mantiene un sistema centralizado donde la cancelación registral está vinculada directamente al documento de identidad físico. En jurisdicciones con mayor digitalización, la invalidez suele producirse automáticamente en las bases de datos interconectadas.
Sin embargo, el objetivo es común: proteger la identidad del fallecido y brindar seguridad jurídica a sus herederos.
En un entorno donde los delitos informáticos y la suplantación de identidad han aumentado, la baja registral no es un trámite secundario, sino una medida preventiva esencial dentro del engranaje institucional del Estado. Formalizar el deceso garantiza orden, evita contingencias legales y asegura que el ciclo administrativo de la persona concluya conforme al marco normativo vigente.







